Hace algunas horas ya, dice el vox pópuli, que un atrevido, aguerrido y adherido conciudadano de la hermosa ciudad de Valladolid (hoy Morelia, cumpliendo ya 466 años de su fundación.. pequeño dato para sus mentecitas ávidas de saber) se embarcó con destino en el horizonte mas sin idea alguna de cuánto tiempo habría de invertir en su nueva aventureada.
Habiendo tomado el camión de una reconocida compañía de transportes foráneos (no van a recibir publicidad gratis en mi página, no señor) en la terminal Observatorio de la alguna vez llamada Ciudad de la Esperanza (hoy Capital en Movimiento, me imagino porque todos se están mudando a provincia), nuestro recalcitrante protagonista de esta su telenovela (más bien sería blognovela, las novelas tienen mucha violencia y son demasiado cursis) prestóse a aguantar una vez más el duro y penoso recorrido en medio de un ambiente en el que se homogeneizaban olores y sabores de aproximadamente 35 pasajeros, más gallos de pelea y gallinas ponedoras que se habían subido de polizontes.
Bonito enunciado de 7 renglones que me eché, bueno, no importa. Total, sé que la mayoría de ustedes se mete aquí, copia este texto, lo pega en word, le pica en "autoresumen" y leen ese textito y listo. Se dan por bien servidos. Tá bien. Con q posen sus ojos sobre alguna de mis letras me doy por bien servido. Prosigamos.
Ya una vez bien establecido en el camión, y poco a poco aceptando su destino de compartir la fila de asiento con dos adolescentes que cigarreaban a olor (perdón, olían a cigarro) y una señora que parecía que en cualquier momento estallaría en una plática a la que me tendría que ver obligado a escapar de cualquier forma, el joven atisbado se dedicó a tratar de leer un poco en inglés.
Había fallado la táctica. No pudo pasar de dos páginas porque nuestro honorable gobierno de la ciudad de México se había propuesto crear los más horrendos baches y topes en cualquier centímetro cúbico de asfalto que los camiones usaban para salir a carretera y lo había logrado.
Segundos después, el joven se cambió de asiento y fué a dar hasta atrás, al lado de un señor que dormía plácidamente y cuyo único propósito en ese instante era hacerles saber a todos los pasajeros de ese camión, que su ronquido era el que más se escuchaba, con una claridad increíble.
Las películas, innombrables. Otro "éxito" más de nuestra sobrevalorada Jeniffer Lopez cuya historia no podría rayar más en lo gringo-comedia-simplista, después de una película que me imagino a Robin Williams le dió flojera actuar, y se limitó a aparecer tooooodos los minutos de la película y decir a lo máximo 2 palabras dignas de recordarse: "Te necesito". Y ni siquiera parecieron creíbles sus sentimientos.
Tomémonos la libertad de adelantarle a la historia esta que está ocupando actualmente ya demasiado espacio en esta su página. Listo. Ahora nos encontramos 2 horas y media después, habiendo sorteado un tráfico de la patada (consúltese un diccionario coloquial si este término se les escapa) en toluca.
Ya. voy a ponerle nombre a nuestro protagonista. basta de inventarme un nuevo adjetivo cada vez que lo vuelvo a mencionar. Se llama gerardo. tal vez lo conoces. O conoces a alguien que lo conoce.
Gerardo ya había iniciado una avalancha con sus mensajitos mandados a varias personas que residían en la ciudad de Morelia. Había planeado tomar por asalto los makis..... (por poquito y me echo un gol, no se vale, ya van dos veces que pasa y mejor me salto los nombres de los establecimientos o compañias incluidas en este relato). Bueno, bueno. Un restaurantico en el que preparan unos makis con todo lo que se pueda uno imaginar. Y luego los empanizan. Y te dan cada mitad en dos platos desechables. Y órale, a atascarse que hoy es viernes.
Para esto, había convocado a sus huestes más valerosas y fieles que le habían jurado eterna amistad. Sólo 4 le habían manifestado su interés y probable asistencia, más el tiempo transcurría de una manera lenta y vertiginosa (ah canijo. entonces como?) y Gerardo veía más remota la posibilidad de juntarse con sus amigos y hacer sujeto de comilona a 2 makis. Pos zás que te zúmbale, ya se había cancelado el plan.
Changos! Díjose gerardo a sí mismo. Ahora, qué cenaré? Agua de tamarindo con pan dulce? Bueno. Pues ya que. Será para la próxima.
Uy. Llamóle liz a Gerardo, una de las que no se había recibido ni su aviso de ausencia o de asistencia (osease estaba en el limbo, lugar que el Vaticano acaba de desaparecer de la faz del universo al cuarto para las once, porque se les ocurrió que ya había pasado de moda) a tan multitudinaria cena con posibilidades de convertirse en divertida reunión. Preguntóle que dónde se encontraban los demás compinches de tan azorada hazaña. Uy. Pues se canceló todo, fíjese usted... Yo ando todavía en el camión, y el camión anda acá por zinapécuaro o carácuaro o jarácuaro o algun lugar cuyo nombre no recuerdo como inicia pero seguritito termina con cuaro. Que pena!!!! Liz estaba en las afueras del lugarcín al que hubiera llegado la mayoría, si no se hubieran cancelado los planes por la odiosa insistencia del destino de jugarle una mala jugada (bonitos los pleonasmos, no?) a nuestro ahora apenado pasajero del camión con destino a Morelia. Y pues.. habiéndose prometido que el día siguiente se armaría un reventón con comida y relajo después de la comida para el siguiente día, cortaron transmisiones nuestros dos participantes en la llamada telefónica (por si se perdieron, estos se llaman Liz y Gerardo).
Haciendo la historia larga un poco más breve y omitiendo detalles que al ávido lector seguro le valdrían un churro retorcido (y más si le pone uno cajeta, son riquísimos), Gerardo llegó a su casa, se conectó un rato y se jué a dormir.
Ayer sábado (escribiendo esto está el escritor -obviamente- a los 17 minutos de iniciado el domingo) levantóse Gerardo, y agarró e hizo varias tarugadas que había que hacer y se aprestó a juntarse con los caballeros y damas de la mesa redonda (yo sí creo en la pluralidad, yo sí creo en México) que se habría de convertir más tarde en una barra inmunda de localito de comida (explicaré más adelante) en los interiores de la semi-plaza servicentro localizada al lado de una conocida plaza comercial en la ciudad de Morelia.
Escoger los platillos que se habrían de ingerir ese día fue toda un hazaña, e incluso hubo entrega de reconocimientos al que más rápido escogió y al que fue más creativo escogiendo sus alimentos, entre el grupo de distinguidos visitantes a esa semi-plaza comercial.
Al final hubo 4 ensaladas puestas sobre la mesa, varias aguas de Jamaica, unas quesadillas y un taco perdido de arrachera que se le antojó de golpe a Gerardo. Ah, si. Se me olvidaba. Tomamos por asalto un localito de comida abandonado que estaba por ahí e hicimos de él nuestro centro de reunión en el que se hubieren de ubicar nuestros platos con su tan valorado contenido. Sucedió también que pasó una señora con su hija, vió de reojo los platos con ensalada, y se le antojó. Gerardo, tomando esta oportunidad única en la vida, ofreció los platillos que sus amigos degustaban con tanto afán como si fuera cualquier otro comerciante de comida semi-fijo en la semi-plaza. Por un segundo la señora creyóse que ése localito abandonado, con ése joven tan sonriente y amable, en verdad ofrecía las ensaladas, hasta que cayó en la cuenta que eran varios comensales los que se habían apoderado sin piedad del localito.
Después de esta comida llena de prolongadas risas y de buenas digestiones, dirijiéronse tres de nuestros habitantes de esta historia a realizar labores que merecían su atención especializada y dejaron a otras 4 personas a la merced de la suerte: Gerardo, Jorge, Alan y Judith.
Escoger el siguiente plan resultó también un poco aparatoso, discusión en la que los gritos y sombrerazos parecería que harían su aparición de un momento a otro. Hasta que Gerardo dijo con ahínco y con absoluta certeza: 5 Sentidos allá vamos. (Nota: Este lugar solo existe en la imaginación de gerardo, pero un habitante de Morelia puede relacionarlo con un cafecito bohemio de distinto nombre que se encuentra inmiscuido en el centro colonial de esa bella ciudad)
Dominó cubano (el inglés era muy aburrido, muy puntual y algo frío) fue uno de los juegos que decidiéronse nuestros tres mosqueteros y bella dama a hacer de sus pasatiempos en ese cafecito.
También el juego "uno" se apareció, y en éste se levantaron serias dudas acerca del barajeador oficial de la comitiva, Jorge, ya que pareciera que la suerte sólo le sonreía a el, a la hora de sacar una carta para continuar la ronda, como debiera de ser. Y por último, el Scrabble hizo trizas nuestra capacidad creativa y craneal, al no poder terminar debidamente el juego, después de poner tales pobres palabras como "da" y "no". Abandonaron el establecimiento por la puerta grande, ya que esta era la única que estaba abierta.
"Maderear" es un verbo que se suele usar entre la población joven y la que aún es algo joven y que no se resigna a ser catalogada como "madura" de Morelia para referirse a pasear por la avenida principal de esta ciudad. Ésto fué lo que nuestros animados y diletantes jovenzuelos hicieron después de asistir al cafecito.
Caminaron por las dos aceras, se encontraron con una cara conocida cuya actividad social estaba por terminarse, al menos por ese dia (Éricka, colaboradora valiosa en una prestigada línea aérea, como operadora telefónica) y prosiguieron su camino.
Después, acordose Alan que una cadena de pizzas le debía 2 pizzas de cualquier tamaño, de cualquier variedad, por un altercado que tuvo su familia hacía algunos días en una de sus sucursales. Pues de aquí somos, dijeron todos. Vámonos como de rayo a ver si pescamos al gerente que recuerda la penosa situación para que nos dé nuestras pizzas gratis!! (hambrientos estaban ya).
Tadá. 2 Pizzas gratis. Perfeeeeeecto. La mejor pizza que he comido en toda mi vida. Disfrutando deliciosamente el momento, compartiendo tonterías con los amigos, es cuando uno recuerda qué vale la pena. Ah pero qué bonito día.
Gracias a todos los que fueron parte de él.
Habiendo tomado el camión de una reconocida compañía de transportes foráneos (no van a recibir publicidad gratis en mi página, no señor) en la terminal Observatorio de la alguna vez llamada Ciudad de la Esperanza (hoy Capital en Movimiento, me imagino porque todos se están mudando a provincia), nuestro recalcitrante protagonista de esta su telenovela (más bien sería blognovela, las novelas tienen mucha violencia y son demasiado cursis) prestóse a aguantar una vez más el duro y penoso recorrido en medio de un ambiente en el que se homogeneizaban olores y sabores de aproximadamente 35 pasajeros, más gallos de pelea y gallinas ponedoras que se habían subido de polizontes.
Bonito enunciado de 7 renglones que me eché, bueno, no importa. Total, sé que la mayoría de ustedes se mete aquí, copia este texto, lo pega en word, le pica en "autoresumen" y leen ese textito y listo. Se dan por bien servidos. Tá bien. Con q posen sus ojos sobre alguna de mis letras me doy por bien servido. Prosigamos.
Ya una vez bien establecido en el camión, y poco a poco aceptando su destino de compartir la fila de asiento con dos adolescentes que cigarreaban a olor (perdón, olían a cigarro) y una señora que parecía que en cualquier momento estallaría en una plática a la que me tendría que ver obligado a escapar de cualquier forma, el joven atisbado se dedicó a tratar de leer un poco en inglés.
Había fallado la táctica. No pudo pasar de dos páginas porque nuestro honorable gobierno de la ciudad de México se había propuesto crear los más horrendos baches y topes en cualquier centímetro cúbico de asfalto que los camiones usaban para salir a carretera y lo había logrado.
Segundos después, el joven se cambió de asiento y fué a dar hasta atrás, al lado de un señor que dormía plácidamente y cuyo único propósito en ese instante era hacerles saber a todos los pasajeros de ese camión, que su ronquido era el que más se escuchaba, con una claridad increíble.
Las películas, innombrables. Otro "éxito" más de nuestra sobrevalorada Jeniffer Lopez cuya historia no podría rayar más en lo gringo-comedia-simplista, después de una película que me imagino a Robin Williams le dió flojera actuar, y se limitó a aparecer tooooodos los minutos de la película y decir a lo máximo 2 palabras dignas de recordarse: "Te necesito". Y ni siquiera parecieron creíbles sus sentimientos.
Tomémonos la libertad de adelantarle a la historia esta que está ocupando actualmente ya demasiado espacio en esta su página. Listo. Ahora nos encontramos 2 horas y media después, habiendo sorteado un tráfico de la patada (consúltese un diccionario coloquial si este término se les escapa) en toluca.
Ya. voy a ponerle nombre a nuestro protagonista. basta de inventarme un nuevo adjetivo cada vez que lo vuelvo a mencionar. Se llama gerardo. tal vez lo conoces. O conoces a alguien que lo conoce.
Gerardo ya había iniciado una avalancha con sus mensajitos mandados a varias personas que residían en la ciudad de Morelia. Había planeado tomar por asalto los makis..... (por poquito y me echo un gol, no se vale, ya van dos veces que pasa y mejor me salto los nombres de los establecimientos o compañias incluidas en este relato). Bueno, bueno. Un restaurantico en el que preparan unos makis con todo lo que se pueda uno imaginar. Y luego los empanizan. Y te dan cada mitad en dos platos desechables. Y órale, a atascarse que hoy es viernes.
Para esto, había convocado a sus huestes más valerosas y fieles que le habían jurado eterna amistad. Sólo 4 le habían manifestado su interés y probable asistencia, más el tiempo transcurría de una manera lenta y vertiginosa (ah canijo. entonces como?) y Gerardo veía más remota la posibilidad de juntarse con sus amigos y hacer sujeto de comilona a 2 makis. Pos zás que te zúmbale, ya se había cancelado el plan.
Changos! Díjose gerardo a sí mismo. Ahora, qué cenaré? Agua de tamarindo con pan dulce? Bueno. Pues ya que. Será para la próxima.
Uy. Llamóle liz a Gerardo, una de las que no se había recibido ni su aviso de ausencia o de asistencia (osease estaba en el limbo, lugar que el Vaticano acaba de desaparecer de la faz del universo al cuarto para las once, porque se les ocurrió que ya había pasado de moda) a tan multitudinaria cena con posibilidades de convertirse en divertida reunión. Preguntóle que dónde se encontraban los demás compinches de tan azorada hazaña. Uy. Pues se canceló todo, fíjese usted... Yo ando todavía en el camión, y el camión anda acá por zinapécuaro o carácuaro o jarácuaro o algun lugar cuyo nombre no recuerdo como inicia pero seguritito termina con cuaro. Que pena!!!! Liz estaba en las afueras del lugarcín al que hubiera llegado la mayoría, si no se hubieran cancelado los planes por la odiosa insistencia del destino de jugarle una mala jugada (bonitos los pleonasmos, no?) a nuestro ahora apenado pasajero del camión con destino a Morelia. Y pues.. habiéndose prometido que el día siguiente se armaría un reventón con comida y relajo después de la comida para el siguiente día, cortaron transmisiones nuestros dos participantes en la llamada telefónica (por si se perdieron, estos se llaman Liz y Gerardo).
Haciendo la historia larga un poco más breve y omitiendo detalles que al ávido lector seguro le valdrían un churro retorcido (y más si le pone uno cajeta, son riquísimos), Gerardo llegó a su casa, se conectó un rato y se jué a dormir.
Ayer sábado (escribiendo esto está el escritor -obviamente- a los 17 minutos de iniciado el domingo) levantóse Gerardo, y agarró e hizo varias tarugadas que había que hacer y se aprestó a juntarse con los caballeros y damas de la mesa redonda (yo sí creo en la pluralidad, yo sí creo en México) que se habría de convertir más tarde en una barra inmunda de localito de comida (explicaré más adelante) en los interiores de la semi-plaza servicentro localizada al lado de una conocida plaza comercial en la ciudad de Morelia.
Escoger los platillos que se habrían de ingerir ese día fue toda un hazaña, e incluso hubo entrega de reconocimientos al que más rápido escogió y al que fue más creativo escogiendo sus alimentos, entre el grupo de distinguidos visitantes a esa semi-plaza comercial.
Al final hubo 4 ensaladas puestas sobre la mesa, varias aguas de Jamaica, unas quesadillas y un taco perdido de arrachera que se le antojó de golpe a Gerardo. Ah, si. Se me olvidaba. Tomamos por asalto un localito de comida abandonado que estaba por ahí e hicimos de él nuestro centro de reunión en el que se hubieren de ubicar nuestros platos con su tan valorado contenido. Sucedió también que pasó una señora con su hija, vió de reojo los platos con ensalada, y se le antojó. Gerardo, tomando esta oportunidad única en la vida, ofreció los platillos que sus amigos degustaban con tanto afán como si fuera cualquier otro comerciante de comida semi-fijo en la semi-plaza. Por un segundo la señora creyóse que ése localito abandonado, con ése joven tan sonriente y amable, en verdad ofrecía las ensaladas, hasta que cayó en la cuenta que eran varios comensales los que se habían apoderado sin piedad del localito.
Después de esta comida llena de prolongadas risas y de buenas digestiones, dirijiéronse tres de nuestros habitantes de esta historia a realizar labores que merecían su atención especializada y dejaron a otras 4 personas a la merced de la suerte: Gerardo, Jorge, Alan y Judith.
Escoger el siguiente plan resultó también un poco aparatoso, discusión en la que los gritos y sombrerazos parecería que harían su aparición de un momento a otro. Hasta que Gerardo dijo con ahínco y con absoluta certeza: 5 Sentidos allá vamos. (Nota: Este lugar solo existe en la imaginación de gerardo, pero un habitante de Morelia puede relacionarlo con un cafecito bohemio de distinto nombre que se encuentra inmiscuido en el centro colonial de esa bella ciudad)
Dominó cubano (el inglés era muy aburrido, muy puntual y algo frío) fue uno de los juegos que decidiéronse nuestros tres mosqueteros y bella dama a hacer de sus pasatiempos en ese cafecito.
También el juego "uno" se apareció, y en éste se levantaron serias dudas acerca del barajeador oficial de la comitiva, Jorge, ya que pareciera que la suerte sólo le sonreía a el, a la hora de sacar una carta para continuar la ronda, como debiera de ser. Y por último, el Scrabble hizo trizas nuestra capacidad creativa y craneal, al no poder terminar debidamente el juego, después de poner tales pobres palabras como "da" y "no". Abandonaron el establecimiento por la puerta grande, ya que esta era la única que estaba abierta.
"Maderear" es un verbo que se suele usar entre la población joven y la que aún es algo joven y que no se resigna a ser catalogada como "madura" de Morelia para referirse a pasear por la avenida principal de esta ciudad. Ésto fué lo que nuestros animados y diletantes jovenzuelos hicieron después de asistir al cafecito.
Caminaron por las dos aceras, se encontraron con una cara conocida cuya actividad social estaba por terminarse, al menos por ese dia (Éricka, colaboradora valiosa en una prestigada línea aérea, como operadora telefónica) y prosiguieron su camino.
Después, acordose Alan que una cadena de pizzas le debía 2 pizzas de cualquier tamaño, de cualquier variedad, por un altercado que tuvo su familia hacía algunos días en una de sus sucursales. Pues de aquí somos, dijeron todos. Vámonos como de rayo a ver si pescamos al gerente que recuerda la penosa situación para que nos dé nuestras pizzas gratis!! (hambrientos estaban ya).
Tadá. 2 Pizzas gratis. Perfeeeeeecto. La mejor pizza que he comido en toda mi vida. Disfrutando deliciosamente el momento, compartiendo tonterías con los amigos, es cuando uno recuerda qué vale la pena. Ah pero qué bonito día.
Gracias a todos los que fueron parte de él.
